Porteo fácil: por qué diseñamos Kngu con hebillas magnéticas

Imagínate esta escena: Son las tres de la madrugada, tu bebé recién nacido no para de llorar y quieres calmarlo pero tú también quieres dormir y quedarte tranquila con la seguridad de que no se va a caer. ¿Qué tal útil sería ponerte el porteo, sin encender la luz y que las hebillas magnéticas se encuentren solas? 

Pues eso... cuando diseñamos Kngu, nos imaginamos muchísimas escenas en las que los imanes podrían ser útiles y conectamos muchísimo con esta escena, porque la hemos vivido muchas veces y yo soy muy dormilona. 

Teníamos claro que queríamos un porteo bonito, pero sobre todo PRÁCTICO, que no necesitara un manual de instrucciones ni dos personas para atarlo. Queríamos uno que te pudieras poner tú, sola, en la espalda, sin ayuda, sin luz y sin drama.

Esa es la magia de las hebillas magnéticas, solo haces un movimiento y las piezas se buscan solas. Nada de ganchos que hay que encajar, nada de pedirle a tu pareja que venga corriendo desde el otro lado de la casa.

¿Cómo funciona?

El mecanismo no tiene ningún truco: dos piezas magnéticas que se atraen entre sí en cuanto están a pocos centímetros de distancia, y que puedes alinear sin mirar, guiándote solo por el tacto. No hace falta encajar una hebilla en el ángulo exacto ni tener las dos manos libres al mismo tiempo.Es lo que te permitirá asegurar tu Kngu con una sola mano. 

Es la misma lógica por la que tanta gente prefiere hoy un cargador magnético frente al de toda la vida: cuando algo se hace con una mano y sin mirar, cuanto menos margen de error, mejor.

Por qué la facilidad de uso no es un capricho

Aunque las hebillas magnéticas encarecen la fabricación de un porteo, consideramos que era esencial para Kngu y aquí te explicamos por qué. 

Uno de los estudios más citados sobre el porteo es un ensayo controlado publicado en 1986 en la revista Pediatrics por los investigadores Urs Hunziker y Ronald Barr, que descubrió que los bebés a los que se cargaba más horas al día (no solo cuando lloraban, sino de forma sostenida durante el día) lloraban significativamente menos hacia las seis semanas de vida que los que se cargaban menos.

Por eso amamos el porteo, porque te permite llevar a tu bebé encima, pero manteniendo las manos libres y aprovechando todos los beneficios del vínculo. La clave del estudio no era cargar/portear al bebé diez minutos y ya: era la constancia, cargarlo de forma prolongada y repetida.

Esta constancia solo se sostiene en el tiempo si ponerse el porteo no supone un esfuerzo cada vez que lo necesitas. Un porteo que cuesta ponerse se usa la primera semana con toda la ilusión, y luego se queda en el armario justo en el momento en que más se necesita: cuando estás sola, cansada, y con un bebé en brazos que no quiere que lo sueltes.

Cada imán que usamos cuesta bastante más que cualquier hebilla de plástico, y no es un gasto que nos plantéaramos recortar. Es, literalmente, la diferencia entre un porteo que usas todos los días durante dos años y uno que usas una vez, para la foto, y luego guardas.

¿Y si mi niño suelta el imán?

Es la primera pregunta que nos hacemos nosotros mismos cuando alguien saca el tema de la seguridad, y hasta ahora, con más de un año de familias porteando a diario, no nos ha pasado ni nos consta que le haya pasado a nadie: no tenemos constancia de que un bebé porteado haya conseguido abrir el cierre por su cuenta. Tiene su lógica si piensas en cómo va colocado: en la posición de porteo, sus manos casi nunca llegan hasta donde está el cierre, y aunque llegaran, separar dos piezas magnéticas bien encajadas requiere un tirón firme y en una dirección concreta, no el manoteo, el roce o el agarrarse a la tela que hace un bebé al moverse. Es un tipo de fuerza muy distinto al que un recién nacido o un bebé de pocos meses puede generar con los dedos.

Por otro lado, si consiguiera soltar el imán igual está asegurado con los broches laterales y no se caería antes de que te des cuenta. 

De igual forma, preferimos no prometer un "nunca" cuando hablamos de seguridad. Por eso recomendamos, como parte del mismo gesto de ponerse el porteo, comprobar el cierre con un tirón suave después de encajarlo, igual que harías con cualquier hebilla. 

Lo que nos cuentan las familias

Desde que empezamos a vender, nos han escrito decenas de familias contándonos variaciones de la misma escena: la pareja que tiene dos Kngu porque cada uno prefiere tener el suyo a su medida, el padre que se lo puso solo por primera vez en el hospital sin que nadie le enseñara... Ese tipo de mensajes son los que nos confirman que el diseño cumple lo que se propuso: que portear no dependa de tener las manos libres de antemano, ayuda de otra persona, ni buena luz.

Y luego está lo que de verdad importa: que puedas ponértelo tú sola, con tu bebé encima, sin pedir ayuda a nadie. Que portear no dependa de que haya otro adulto en casa. Que sea tuyo, de verdad.

Si todavía no lo has probado, cuéntanos qué es lo que más te frena y te ayudamos a resolverlo. Para eso están también las asesorías gratuitas postcompra: para que nadie se quede con el Kngu guardado en el armario.

 

Fuentes citadas en este artículo

 

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